38 horas, varias locaciones, una historia que todavía no podemos contar completa y una nueva edición del Desafío Emprendedor que comienza a asomarse.
Hay viajes que se organizan con semanas de anticipación y terminan pareciendo vacaciones.
Y hay otros en los que uno mete ropa en una mochila, revisa tres veces que lleve los documentos, cruza medio país, se levanta antes que salga el sol, pasa catorce horas frente a cámaras y al día siguiente vuelve en tren tratando de recordar en qué momento aquello se transformó en parte normal del trabajo.
El segundo tipo describe bastante mejor lo ocurrido esta semana.
El domingo 23 de agosto dejé por unas horas Pencahue para regresar a Santiago. El motivo era una nueva etapa audiovisual relacionada con una historia que comenzó el año pasado, cuando Rienda Libre postuló por primera vez al Concurso Nacional Desafío Emprendedor de Banco de Chile y terminó entre los finalistas de su décima versión.
Esta vez no viajábamos a competir. La convocatoria 2026 todavía no está abierta. La grabación forma parte de la promoción de la próxima 11ª versión del concurso, una edición que traerá algunas sorpresas que, por ahora, también tendremos que guardar.
La primera vez que postulamos, llegamos a la final
Rienda Libre no llegó al Desafío Emprendedor después de años estudiando cómo ganar concursos. Llegó como llegan muchas organizaciones y emprendimientos a estas oportunidades: probando.
La décima versión recibió más de 25 mil postulaciones y seleccionó solo a veinte finalistas a nivel nacional, diez en Desafío Local y diez en Desafío Global. Rienda Libre quedó dentro de la categoría Desafío Local.
Era nuestra primera participación.
Y llegamos hasta la final.
Creer antes de tener garantías
Hay algo incómodo en postular a una oportunidad importante: nadie puede asegurarte que va a resultar.
Hay que llenar formularios, ordenar ideas, explicar lo que uno hace, preparar antecedentes, aceptar evaluaciones y dedicar horas que perfectamente podrían terminar en un correo que diga “gracias por participar”.
Pero en Fundación Equicentro hemos aprendido a mirar esas instancias de otra manera. No postulamos solamente cuando creemos que vamos a ganar. Postulamos cuando creemos que vale la pena intentarlo.
Esa misma lógica ha estado detrás de fondos, alianzas, beneficios tecnológicos, colaboraciones y proyectos que parecían demasiado grandes cuando los mirábamos desde Pencahue. Algunas veces funcionan. Otras no. Pero las oportunidades que sí se abren casi siempre empiezan con algo bastante poco épico: completar correctamente un formulario y apretar “enviar”.
Domingo: del campo a Vitacura
El domingo 23 comenzó el nuevo viaje. Pencahue quedó atrás por unas horas y Santiago volvió a aparecer en el horizonte.
Esta vez el Hotel Bidasoa, en Vitacura, se convirtió en la pequeña base de operaciones. Todo impecable, tranquilo y bastante agradable. Exactamente el tipo de lugar que uno agradecería disfrutar con calma si no supiera que en unas horas sonaría una alarma completamente incompatible con cualquier concepto razonable de descanso.
Porque el llamado del lunes era a las 06:30.
06:30 horas: comienza la jornada
El lunes 24 de agosto comenzó con vestuario, preparación, maquillaje, traslados y la primera locación.
Después vino otra.
Y otra.
Durante el día se trabajó en varias locaciones de Santiago, construyendo distintas piezas de una producción que todavía no podemos revelar por completo.
Quienes finalmente ven algunos segundos en pantalla rara vez dimensionan todo lo que existe detrás: movimientos de equipos, ajustes de luz y sonido, repeticiones, traslados, preparación, espera, nuevas tomas y personas coordinando detalles que probablemente nadie notará cuando el resultado esté terminado.
Desde fuera parece simple. Desde dentro existe una pequeña industria alrededor de cada escena.
¿Dónde aparecerá todo esto?
Eso todavía no lo vamos a contar.
Parte de la gracia de esta etapa es justamente mantener la sorpresa. Podemos hablar del viaje, del trabajo y del motivo general de la producción. Lo que no mostraremos todavía es el destino final de las imágenes ni algunas de las novedades que acompañarán la promoción de la 11ª versión.
Un poco de misterio tampoco le hace daño a una fundación que normalmente publica hasta el barro de los potreros.
La 11ª versión todavía no abre sus postulaciones
Al momento de publicar esta crónica, Banco de Chile todavía no ha abierto públicamente la convocatoria de la 11ª versión del Desafío Emprendedor. En sus canales oficiales la invitación sigue siendo mantenerse atento a la próxima convocatoria.
Eso significa que esta grabación no corresponde a una nueva postulación de Rienda Libre. Es parte del camino promocional hacia la edición 2026.
Y sabemos algo más: esta nueva versión tendrá algunas sorpresas.
¿Volveremos a participar este año?
Esa respuesta también puede esperar un poco.
El valor real no empieza ni termina con un premio
Cuando uno mira un concurso desde afuera, la lectura suele reducirse a una pregunta: ¿ganó o no ganó?
Nuestra experiencia ha demostrado que esa pregunta se queda corta.
El proceso nos obligó a ordenar el relato de Rienda Libre, defender una propuesta frente a evaluadores, conocer otros emprendimientos, recibir formación y exposición nacional. Meses después, una participación que aparentemente había terminado volvió a abrir una puerta y nos puso otra vez frente a cámaras.
Eso también es retorno.
Por eso, cuando alguien nos pregunta si vale la pena postular a este tipo de convocatorias, nuestra respuesta es bastante sencilla: si cumples los requisitos y tu proyecto tiene algo real que contar, inténtalo.
De las 06:30 a las 20:30
La jornada terminó aproximadamente a las 20:30 horas.
Catorce horas después de haber comenzado.
Cuando se habla de grabaciones suele aparecer la parte atractiva: cámaras, luces, locaciones interesantes y gente trabajando alrededor. La otra mitad son los traslados, repeticiones, espera y la concentración necesaria para volver a decir algo como si nunca lo hubieras dicho cinco veces antes.
Para alguien más acostumbrado a caballos, cabras, barro, computadores y formularios que a maquillaje y producción audiovisual, el contraste sigue siendo bastante divertido.
Martes, 07:40: de regreso al Maule
El martes 25 de agosto, mientras Santiago recién comenzaba otro día laboral, tocaba volver.
07:40. Tren.
Después de viajar el domingo, grabar prácticamente todo el lunes y dormir lo suficiente como para poder asegurar legalmente que hubo una noche entre ambos días, comenzó el regreso.
Como un verdadero artista.
Uno bastante cansado, eso sí.
Del Maule al país, otra vez
Equicentro sigue estando donde estaba.
En Pencahue.
Con animales que hay que alimentar independientemente de cuántas cámaras hayan aparecido el día anterior. Con barro cuando llueve, proyectos que presentar, infraestructura que mantener y oportunidades que seguir buscando.
Quizás precisamente por eso vale la pena viajar. No para parecernos a Santiago, sino para llevar un pedazo del Maule hasta lugares donde normalmente no estaría.
La primera vez que nos atrevimos a participar llegamos a una final nacional. Esta semana regresamos a grabar la promoción de la versión siguiente.
No sabemos todavía cuál será el próximo resultado. Tampoco necesitamos saberlo para seguir intentando.
Hay oportunidades que no se pueden ganar si primero uno no se atreve a entrar.
El resto de esta historia tendremos que contarlo después.
Hay imágenes que todavía no podemos mostrar, una producción que sigue bajo reserva y una 11ª versión que todavía no abre oficialmente sus puertas.
Pero si todo salió como esperamos, esta vez nuestra historia irá a buscarlos.
Información oficial del concurso
Banco de Chile mantiene información pública sobre la décima versión y señala actualmente que la próxima convocatoria será anunciada en sus canales oficiales.

